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El dolor emocional del COVID-19

Esta pandemia marca una crisis sin precedentes, pero también representa una oportunidad sin precedentes. Es una oportunidad de vivir la vida como deberíamos vivirla: conectados con nosotros mismos, con los demás y con Dios.

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¡Qué año ha sido el 2020! Aparte de posiblemente unos pocos expertos bien informados en algunas oficinas del mundo, el resto de nosotros no tenía expectativas de lo que nos esperaba cuando comenzamos el 2020. Aun los expertos han quedado perplejos por este coronavirus. En julio, el doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas durante tres décadas y uno de los principales expertos en pandemia de los Estados Unidos durante las últimas cuatro décadas, dijo:

Jamás he visto una infección en la que uno tenga tan amplia gama de literalmente nada; a saber, ningún tipo de síntoma, en una proporción sustancial de la población; de algunos que se enferman con síntomas menores; de algunos que se enferman lo suficiente como para estar durante semanas en cama y sufrir síndromes postvirales; de otros que tienen que ser hospitalizados, requieren oxígeno, cuidados intensivos, respiradores y que mueren.1

Si alguien se preguntaba qué significa cuando algo se vuelve “viral”, este virus es un ejemplo de ello. De 195 países del mundo, 188 han reportado infectados. Para el momento de escribir este artículo, se han reportado casi 22 millones de casos y llegar pronto a las 800 mil muertes en el mundo. Y es probable que aun esas cifras no reflejen cuánto se ha esparcido en realidad el virus. Según la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, en muchos países, se han informado solo una fracción de los casos sintomáticos.2 Y, por supuesto, los casos asintomáticos suelen no ser reportados, porque el que se contagió no se siente enfermo ni va a hacerse la prueba.

El virus definidamente se ha vuelto viral y ha causado muchos problemas. La pandemia ha tenido un impacto sobre la vida de la gente de maneras múltiples: física, mental, profesional y financieramente; y caso menos obvio pero no menos serio, mental y espiritualmente. Para algunos, los efectos han sido menores; para otros, se han producido grandes pérdidas importantes en una, varias o todas las dimensiones de la vida. En la historia reciente, nada a producido tantos problemas a nivel global como esta pandemia. Nos hemos visto forzados a enfrentar desafíos sin precedentes. Y eso aún no ha terminado. No sabemos cuándo terminará todo. No sabemos si finalmente terminará. No sabemos cómo será el mundo y nuestra vida cuando la pandemia finalmente se aquiete.

¿Cómo hemos hecho frente a esto? ¿Cómo estamos afrontándolo? ¿Y cómo seguimos viviendo con todos los problemas y preocupaciones? Las personas se enferman, y algunas mueren. Las personas temen enfermarse, o que un ser querido se enferme. Muchos pierden el trabajo, temen perder el trabajo, y están preocupados por las cuentas. Hay personas que tienen hambre. Personas que están perdiendo sus hogares. Muchos se sienten aislados y solos.

La realidad de la angustia y el dolor mentales

En el mundo, se están produciendo informes de personas que están luchando mentalmente con pensamientos, sentimientos y conductas como consecuencias y en respuesta a la pandemia. El 14 de agosto, los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) dio a conocer un informe alarmante titulado “Salud mental, uso de sustancias e ideación suicida durante la pandemia del COVID-19”.3 Sus hallazgos se refieren a los Estados Unidos, pero se han reportado tendencias similares en diversas partes del mundo. El informe expresa que en junio de 2020, las personas que reportaron síntomas de trastornos de ansiedad fueron tres veces más que los que reportaron los mismos síntomas en el segunto trimestre de 2019 (25,5 por ciento en contraste con el 8,1 por ciento). Las personas que informaron síntomas de trastornos depresivos fueron cuatro veces más que el número que reportó lo mismo en el segundo trimestre de 2019 (24,3 por ciento versus 6,5 por ciento). Aproximadamente una de cada diez personas reportó que habían comenzado o incrementado el uso de sustancias como resultado del COVID-19. La ideación suicida también se elevó; aproximadamente el doble de encuestados reportó una consideración seria de suicidio en los treinta días anteriores, en comparación con los adultos de los Estados Unidos en 2018, refiriéndose a los doce meses anteriores (10,7 por ciento versus 4,3 por ciento). En total, el 40,9 por ciento de los encuestados reportó al menos una situación adversa de salud mental o conductual, y el porcentaje en los jóvenes y diversos grupos de personas menos favorecidas fue desproporcionalmente mayor. Entre esas cifras preocupantes, el grupo de 18-24 años mostró que tres de cada cuatro jóvenes reportó al menos una trastorno adverso mental o conductual, y uno de cada cuatro reportó haber considerado seriamente el suicidio en los últimos treinta días. En contraste, en el grupo de 65 o más años, solo el 15,1 por ciento reportó al menos un trastorno mental o conductual de salud, y el 2 por ciento reportó haber considerado seriamente el suicidio en los últimos treinta días.

¿Qué es lo que podemos sacar de este informe y de otros estudios de diversas regiones del mundo? En resumen, que las personas están sufriendo mentalmente. Muchos están sufriendo inmensamente, aun hasta el punto de renunciar a la esperanza y a la vida. Los más jóvenes están sufriendo a un grado extremadamente alto. El COVID-19 no es simplemente una afección respiratoria; es experimentado como una amenaza existencial a nuestras vidas y futuro. Y más allá de eso, muchos lugares del mundo están enfrentando otros inconvenientes que incrementan ese sentido de inestabilidad y preocupación por el futuro. La ex primera dama de los Estados Unidos Michelle Obama es un ejemplo de esto, dado que hace poco afirmó que estaba sufriendo de una “depresión leve” como resultado de la pandemia, las relaciones raciales en los Estados Unidos, y las luchas políticas que los rodean. Estos son en muchos sentidos momentos difíciles.

¿Cómo podemos vivir?

He aquí algunas preguntas fundamentales: ¿Qué podemos y deberíamos hacer ante toda esta situación? ¿Cómo pasar por esto sin sucumbir a la desesperación y el temor? La respuesta es en principio sumamente simple: Vivamos la vida durante esta pandemia como deberíamos vivir la vida cada día, como deberíamos haber vivido la vida antes de la pandemia, y cómo deberíamos vivir la vida después de la pandemia. ¿Y cómo deberíamos vivir? La clave es: conectarse, conectarse, conectarse. Con uno mismo, con los demás y con Dios. Este es un momento para cuidarnos a nosotros mismos, cuidar a los demás y cuidar de nuestras relaciones con Dios.

¿Cómo nos conectamos con nosotros mismos? Pasando tiempo de calidad con nosotros mismos. Necesitamos hacer buenas cosas por nosotros mismos. Eso significa llenar el tiempo que pasamos despiertos con cosas buenas y optimizarlo para un sueño de calidad. Las cosas buenas mientras estamos despiertos incluyen comer bien, ejercitarse de manera periódica, mantener un ambiente limpio y ordenado, mantenernos limpios y cómodos, limitar el consumo de los medios, y no dejarnos absorber por lo que no nos resulta beneficioso. Enfoquémonos más en el presente y menos en las preocupaciones del mañana o los remordimientos del ayer (see Mat. 6:34). Dele tiempo y espacio a sus pensamientos y sentimientos. Permita que ellos influyan sobre lo que está pasando en su interior, pero no permita que lo dominen. Haga simplemente más de lo que lo hace sentir verdaderamente bien sobre usted mismo y con usted mismo, y menos de las demás cosas.

¿Cómo conectarse con los demás? Pasando tiempo de calidad con otros. Cuide de otras personas, y permita que otras personas cuiden de usted. En un mundo que sufre, necesitamos el cuidado y el consuelo mutuo. Cada día. Llegue hasta los demás, por causa de ellos y también por la suya. Necesitamos el toque humano, tanto físico como emocional. Calma los temores. Sana las heridas. Brinda esperanza. No actúe en los demás sobre la base de la desesperanza y el temor; por el contrario, hable del tema, compartiendo en forma abierta y sincera. Permita que los demás lo sostengan. No estamos hechos para enfrentar solos a este mundo. En tiempos de crisis, nos necesitamos unos a otros más que nunca.

Conectarse con otros incluye buscar ayuda y apoyo profesional. Toda vez que sienta que su capacidad de funcionar normalmente y su calidad de vida se están viendo comprometidas como resultado de sus pensamientos, sentimientos y conductas, entonces es tiempo de hablar con un profesional de salud.

¿Cómo conectarse con Dios? Pasando tiempo de calidad con él. “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Fil. 4:6, 7, NLT).4 Ore cada día con gratitud, agradeciendo a Dios por todo lo que aún es bueno en su vida y en el mundo. Y llévele toda su desesperación y temores a él. Háblele de ello, en forma abierta y sincera. No tiene sentido pretender ante él que las cosas son diferentes o mejores de lo que son. Él sostiene el universo en sus manos, y puede sostener sus preocupaciones y temores en sus manos. Entréguele todo a él, y entonces tómese de su mano. Aférrese a esa mano al caminar lo que fuera que le aguarda, de a un paso y un día a la vez.

Esta pandemia marca una crisis sin precedentes, pero también representa una oportunidad sin precedentes. Es una oportunidad de vivir la vida como deberíamos vivirla: conectados con nosotros mismos, con los demás y con Dios. En lugar de dejarnos enceguecer por el temor y la desesperación, enfoquémonos en conectarnos mejor con Dios y con otras personas, día a día, así como es la voluntad de amor y gracia que Dios tiene para nosotros.

Torben Bergland es médico y psiquiatra. Acutalmente es director asociado de los Ministerios Adventistas de Salud de la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.


1https://www.axios.com/coronavirus-persisting-control-vaccine-c2fd6e17-8b26-46cf-9177-69d27c9a86ea.html.

2https://www.lshtm.ac.uk/newsevents/news/2020/almost-75-people-board-diamond-princess-covid-19-may-have-been-asymptomatic.

3M. É. Czeisler, R. I. Lane, and E. Petrosky, “Mental Health, Substance Use, and Suicidal Ideation During the COVID-19 Pandemic—United States, June 24–30, 2020”, MMWR. Morbidity and Mortality Weekly Report 69 (2020): pp. 1049–1057; online at https://doi.org/10.15585/mmwr.mm6932a1.

4La cita bíblica pertenece a la Santa Biblia, Nueva Versión Internacional® NVI® © 1999, 2015 por Biblica, Inc.®, Inc.® Usado con permiso de Biblica, Inc.® Reservados todos los derechos en todo el mundo.

 

FUENTE: 

https://www.interamerica.org/es/2020/08/el-dolor-emocional-del-covid-19/.

 


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